jueves, 10 de enero de 2008

Consenso PDC

Durante la mañana del martes 8 de enero, junto a un grupo de democratacristianos conformado por Andrés Zaldivar, Hosain Sabag, Jaime Ravinet y Eduardo Frei, nos reunimos con la mesa del partido para entregar un documento que titulamos "Un compromiso con el diálogo".
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El texto da cuenta de la necesidad, que siente un gran numero de camaradas, de generar una mesa de consenso para superar la crisis por la que pasa nuestro partido, la que tuvo su episodio más crítico en la expulsión de Adolfo Zaldivar y la renuncia de los diputados "colorines".
A continuación reproduzco el texto para que puedan leerlo y hacer sus comentarios.

Un compromiso con el diálogo

1. La Democracia Cristiana es un partido esencial en el sistema político chileno. Surgió como una tarea de servicio público, emprendida por jóvenes idealistas, que tenían el sueño de un país donde prevalecieran los valores cristianos, especialmente la justicia social.

Durante más de cincuenta años el partido ha dado testimonio de consecuencia democrática, siendo además responsable de grandes y exitosas transformaciones sociales que han dado dignidad y progreso a miles de nuestros compatriotas.

Fue la Democracia Cristiana la que encabezó la lucha por la recuperación de la democracia, y desde la invitación de sus dirigentes políticos surgieron la Alianza Democrática primero y la Concertación de Partidos por la Democracia después.

Finalizado el régimen autoritario, ha sido pilar fundamental de la transición y de la estabilidad política del Chile.

Hemos gobernado bien y con seriedad pensando siempre en lo que es mejor para el país.

Esta es la verdadera Democracia Cristiana.

Por ello tenemos una gran responsabilidad. Los chilenos nos observan con ojo crítico y severo. Esperan de nosotros altura de miras, generosidad y una genuina ética de servicio público.

En la realidad del Chile de hoy, la Democracia Cristiana no tiene sustitutos que reemplacen su aporte a la gobernabilidad del país, a su desarrollo y principalmente al término de las injustas desigualdades entre los chilenos. Es por ello que se nos juzga con gran rigor, y con razón.

Con este trasfondo, nos dirigimos a todos los militantes y simpatizantes en estas horas difíciles de conflicto, dolor y desencuentro, para manifestar nuestras preocupaciones, también nuestras esperanzas; para expresar nuestras reflexiones y también nuestras propuestas.

2. En verdad, el espectáculo que la opinión pública ha presenciado en el último tiempo no refleja lo que verdaderamente somos y hemos sido.

Es evidente que vivimos una profunda crisis política y que tiene su origen en una escalada de confrontaciones entre grupos internos cada vez más irreconciliables, que en ningún caso tiene que ver con discrepancias en la doctrina y los valores en que se funda el PDC, como ocurrió en los casos del Mapu y la Izquierda Cristiana. Esta no ha sido una simple disputa entre mayoría y minoría, enrarecida por la indisciplina o la intransigencia. Esto ha llevado a la degradación de la convivencia entre nosotros a límites intolerables, que ha debilitado enormemente a este gran partido político.

3. Si queremos reconstruir nuestro partido sobre bases sólidas debemos sacar las lecciones de esta crisis. Querer dar vuelta la página es además de simplismo un autoengaño. Lo que hemos visto en estos días es un síntoma de una enfermedad más profunda que nos aqueja y que es la lucha grupal llevada al extremo. Enfermedad que nos agota y desangra.

Hemos perdido casi un millón de votos en sólo una década. Miles de militantes y simpatizantes ya no quieren participar en la estructura del partido. Se milita en la fracción y no en el Partido. Los que no se alinean no tiene espacio, ni son escogidos en las elecciones internas porque no figuran en las plantillas de votación. El padrón de militantes es periódicamente cuestionado.

4. Estamos en un punto de inflexión en nuestra vida partidaria. Los abajo firmantes no estamos dispuestos a contemplar de brazos cruzados como esta forma de hacer política desprovista de ideales, de generosidad y de grandeza, termina destruyendo al mejor partido político de Chile, que ha sido y es parte de nuestras vidas.

El partido a lo largo de su historia ha enfrentado numerosas crisis. Y ha salido airoso porque su liderazgo ha actuado con generosidad y sabiduría política. La tarea que tenemos por delante, reconstruir la Democracia Cristiana sobre renovados fundamentos, merece la concentración de nuestras energías.

Llamamos a nuestros militantes y simpatizantes a no sumergirse en el desánimo y el temor. Por el contrario, esta es la hora de reunir la fe y esperanza en nuestro futuro. Es la hora de levantarse de nuevo y reconstruir la Democracia Cristiana verdadera, siguiendo los lineamientos del reciente Congreso Ideológico, que contó con la participación de 1700 delegados, alcanzándose la unanimidad en casi todas las proposiciones.

Esta es la hora de la fortaleza y perseverancia. No renunciemos a reconstruir el partido al que ingresamos, ni a servir a Chile en nombre de la Democracia Cristiana. Luchemos al interior del partido por un convencimiento limpio y democrático de nuestras ideas y posiciones.

Llamamos a actuar con responsabilidad política. Cada demócrata cristiano y demócrata cristiana está obligado a impedir que el partido se desangre. Cada uno deberá dar cuenta de sus actos, si ellos contribuyen a reconstruir la Democracia Cristiana o a hundirla definitivamente.

Los abajo firmantes queremos el acuerdo, la integración, la unidad. Queremos reconstruir la convivencia interna, con fe en la capacidad de reencontrarnos, de trabajar juntos, con la voluntad de abrir las puertas y las ventanas para que entre el aire limpio.

Invitamos a construir un partido sin fracciones, respetando la diversidad propia de toda comunidad humana. Un Partido abierto a la sociedad y a sus problemas. Un Partido que convoque y no un Partido que intimide. Un Partido que vuelva a ser ejemplo de consecuencia y rectitud.

Esa es la tarea en la que trabajaremos arduamente hacia delante, con todo el que esté dispuesto sinceramente a participar en este espíritu, sin ningún tipo de exclusión.

5. La envergadura de la tarea no sólo requiere un cambio en nuestras actitudes fundamentales. Requiere un cambio también en el modo de conducir nuestra organización y enfrentar los próximos desafíos partidarios.

Queremos proponer a la militancia que, tal como ha ocurrido en otras situaciones difíciles para el partido, y dentro de la institucionalidad democrática partidaria, la directiva de la Democracia Cristiana quede integrada por todos los sectores, por los que no tienen grupo, por los que no se van del partido, por los que antes fueron rivales. Esta es la hora de la unidad y de la generosidad.

Las próximas elecciones municipales son un hito crucial para el partido. En la actual situación, es vital que el proceso de selección de candidatos y candidatas a alcaldes y concejales que presentaremos en las próximas elecciones municipales sea hecho de una manera abierta, clara e integrada.

Esta es una gran oportunidad para actuar con sentido unitario y fraterno, escogiendo a los mejores, independientemente del grupo al que pertenezcan o hayan pertenecido, y especialmente si no militan en ninguna fracción.

Camaradas, nuestro mensaje es sencillo: en esta hora crítica renovemos nuestro compromiso con Chile y con su gente, que ha sido nuestra razón de ser en el servicio público. Aprendamos de la crisis que nos afecta, actuemos con espíritu unitario, seamos libres para realizar los cambios necesarios.

Queremos devolver la Democracia Cristiana adonde pertenece y a quien se debe: a Chile y a las esperanzas de miles de chilenos.

Eduardo Frei Ruiz-Tagle
Hosain Sabag
Andrés Zaldívar
Jaime Ravinet
Marcelo Trivelli
Francisco Renán Fuentealba
Carolina Goic
Jorge Sabag
Mario Venegas
Gabriel Ascencio
Alex Figueroa
Andrés Palma
Pedro García
Felipe Sandoval
Osvaldo Artaza
Sergio Henríquez
Martín Zilic
Raul Donckaster
César Gomez
Guillermo Pickering
Jacqueline Saintard
Juan Carlos Peralta
Belisario Velasco
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