jueves, 23 de octubre de 2008

Políticos apolíticos.

Una buena parte del deterioro de los partidos políticos se ve reflejada en la elección municipal. En muy escasas oportunidades se puede apreciar en la propaganda que inunda las calles a qué partido pertenece cada candidato o candidata. Aparentemente, se ha desvanecido ese tremendo orgullo del militante que representaba a su partido en alguna elección y que hoy parece ser historia.

La desafección y desconfianza de la ciudadanía hacia las diversas fuerzas políticas y “los políticos en general” se encarnan en una afirmación decidora: hoy no conviene aparecer representando a algún partido o, incluso más, presentarse como «político» a alguna elección popular.

Qué duda cabe, nos encontramos en un escenario esquizofrénico, pero ¿por qué los propios políticos critican a la clase política? Muy simple: porque ello rinde votos.

En definitiva, el cinismo no tiene límites: ver a un político criticando a “los políticos” es el reflejo más evidente del deterioro de una antigua y noble vocación.

Entonces se nos viene a la mente otra vieja interrogante: ¿qué es primero, el huevo o la gallina? Es decir, ¿colaboran los mismos políticos a reivindicar a la clase política o sólo si ésta se vuelve a prestigiar, ahí sí reconozco que soy un político?

Eso es, como afirma el dicho popular, no querer perder ni pan ni pedazo.

Con esta pequeña muestra podemos entender por qué no se materializan proyectos tan importantes como el límite a las reelecciones de los parlamentarios, o por qué, a pesar de que está de moda el discurso «municipalista», no se aprobó la ley que regula el artículo 121 de la Constitución. Dicha iniciativa establecía bonos de retiro para el personal en condiciones de jubilar, es decir, una renovación de los funcionarios de planta de la municipalidades, además de mejoras a través de la negociación colectiva y la implementación de un sistema de remuneraciones asociado al cumplimiento de metas.

La ciudadanía tiene en estas elecciones una oportunidad para desafiar la ley de la inercia y el statu quo. Debe así examinar quién es quién entre los candidatos que se presentan, qué es lo que simbolizan verdaderamente y a qué ideología o partido pertenecen.

El político apolítico es el más peligroso.

Cecilia Valdés León - Secretaria Ejecutiva ProyectAmérica.
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