lunes, 22 de febrero de 2010

La desilusión meritocrática.

Era una misión imposible que el equipo ministerial de Sebastián Piñera dejase a todos contentos. Dado que se veía enfrentado a conjugar un conjunto de criterios, algunos heredados, no debe sorprender que más de alguno resultara damnificado. Es lo que sucedió con el género y la experiencia política. Apenas un tercio de ministras integran el gabinete por lo que Chile pierde el sitial de honor que llegó a ostentar en materia de igualdad política de género a nivel ministerial. Por otra parte, si bien se observa abundancia de récords académicos y experiencia empresarial, ello no es garantía de éxito en un campo como el político, donde se requieren habilidades en negociación, transacciones y conciliación de intereses diversos. Transantiago, que todos parecen querer ahora olvidar, es un buen producto de lo que, con su habitual desparpajo, el timonel de RN, Carlos Larraín, denominó en su momento “gabinetes académicos”. ¿Quién, en su sano juicio, quisiera volver a vivir una experiencia tan tortuosa?

Del conjunto de ministros que debutará en marzo se ha dicho que está compuesto por gerentes, gremialistas, pitucos y amigos del Presidente. Aunque simpático, éste no deja de ser un esfuerzo un tanto descriptivista y que no ayuda a focalizarse en lo esencial: las implicancias que esta primera decisión del mandatario electo tiene para la calidad de la democracia chilena. Son varias como la concentración de poder que se produce, con prescindencia de la desvinculación formal y momentánea que varios harán de sus participaciones empresariales pero, por ahora, la más resaltante es una cierta desilusión meritocrática. Es meritócrata aquella sociedad en la que el éxito se basa más en los méritos personales que en el principio hereditario, el sesgo de clase o los prejuicios. Sin embargo, la primera foto de familia ministerial destila un espíritu inquietante de clan: la coincidencia y superposición de las calificaciones técnicas con los privilegios de nacimiento y de riqueza, los que confluyen de manera intrincada para ser designados en tan importantes responsabilidades. Salvo una que otra excepción plebeya, se produce una disonancia cognoscitiva con el predicamento de la derecha de que cualquiera puede llegar lejos porque lo que realmente importa es el esfuerzo personal, el talento, la disciplina y el sacrificio mañanero. El “dream team” de Piñera, lamentablemente, pudiera no ser el “dream team” de vastos sectores de la sociedad chilena que aspiran a niveles mayores de reconocimiento e inclusividad.

Por Fernández, María de los Angeles - Directora Ejecutiva - Fundación Chile 21 – La Segunda – Blogs.
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