
Del conjunto de ministros que debutará en marzo se ha dicho que está compuesto por gerentes, gremialistas, pitucos y amigos del Presidente. Aunque simpático, éste no deja de ser un esfuerzo un tanto descriptivista y que no ayuda a focalizarse en lo esencial: las implicancias que esta primera decisión del mandatario electo tiene para la calidad de la democracia chilena. Son varias como la concentración de poder que se produce, con prescindencia de la desvinculación formal y momentánea que varios harán de sus participaciones empresariales pero, por ahora, la más resaltante es una cierta desilusión meritocrática. Es meritócrata aquella sociedad en la que el éxito se basa más en los méritos personales que en el principio hereditario, el sesgo de clase o los prejuicios. Sin embargo, la primera foto de familia ministerial destila un espíritu inquietante de clan: la coincidencia y superposición de las calificaciones técnicas con los privilegios de nacimiento y de riqueza, los que confluyen de manera intrincada para ser designados en tan importantes responsabilidades. Salvo una que otra excepción plebeya, se produce una disonancia cognoscitiva con el predicamento de la derecha de que cualquiera puede llegar lejos porque lo que realmente importa es el esfuerzo personal, el talento, la disciplina y el sacrificio mañanero. El “dream team” de Piñera, lamentablemente, pudiera no ser el “dream team” de vastos sectores de la sociedad chilena que aspiran a niveles mayores de reconocimiento e inclusividad.
Por Fernández, María de los Angeles - Directora Ejecutiva - Fundación Chile 21 – La Segunda – Blogs.
.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario